¿Quién era en realidad Maese Pedro?

En los capítulos XXV y XXVI de la Segunda Parte de la novela cervantina, nos presentan a Maese Pedro como el titerero que llega a la venta con su mono y retablo. En el capítulo siguiente (XXVII) se desvela que en realidad se trata de Ginés de Pasamonte, un galeote a quien en la primera parte de la novela liberó Don Quijote, y luego aquel robó a Sancho Panza.

Nos creemos que es un titiritero pero este en verdad no es su oficio. Es un pícaro, un fugitivo, que esconde su identidad bajo un parche de tafetán verde que le cubre media cara. Maese Pedro deviene entonces uno de los personajes más misteriosos y fugitivos del Quijote.

La gran riqueza de la novela, hace que numerosos investigadores estudien en profundidad sus páginas y nos desvelen muchas lecturas entre líneas. Encontramos hipótesis tan fascinantes como la de Helena Percas de Ponseti quien afirma, después de numerosas demostraciones semánticas, que en realidad Maese Pedro es Lope de Vega. Las muy diversas diatribas literarias entre Cervantes y Lope de Vega son expuestas y desgranadas en el magistral artículo Cervantes y Lope de Vega: Postrimerías de un duelo literario y una hipótesis.

Se establecen además relaciones con otros personajes de la vida de Cervantes, como Jerónimo de Pasamonte, compañero de armas del autor, y uno de los “candidatos a autores” del Quijote de Avellaneda, versión apócrifa de la novela original.

Cervantes juega maliciosamente con las identidades de unos y otros, de esos, sus enemigos literarios, y los desprestigia convirtiéndolos en varios de sus personajes, haciendo además incontables guiños a obras escritas por unos y otros, como por ejemplo el Entremés de Melisendra de Lope. Así, Maese Pedro es Ginés de Pasamonte, y en realidad Lope de Vega. Ginés de Pasamonte es en realidad Jerónimo de Pasamonte, y Cervantes lo relaciona también con el  mono adivino.

En estas capas entetejidas de distintas realidades, de confabulación entre la ficción y la realidad, tan medulares en la novela cervantina y en la propia personalidad de Don Quijote, se basa Enrique Lanz para creer su puesta en escena de El retablo de maese Pedro. ¿Cómo representar e interpretar entonces a un personaje tan complejo como Maese Pedro?

Maese Pedro

Como ya comentamos, su imagen proviene del cuadro de Velázquez El triunfo de Baco. En el espectáculo su actitud es siempre huidiza, esquiva, como la de alguien que no quiere ser identificado, y asoma parcialmente entre las cortinas, detrás del teatrito. Cuando Don Quijote le destroza su retablo y queda expuesto, entonces se tapa la cara.

Retablo final

Su comportamiento es el de quien hace un trabajo, “el de mover figuras”, no por vocación, sino por mero instinto de supervivencia, y por ello buscamos una “no destreza” en la manipulación de los títeres (sin que ello afectara obviamente la calidad de la obra). Ponemos a la vista “errores” de manipulación que comete Maese Pedro: el no respeto del nivel del teatrito, el coger los muñecos de cualquier manera, el mostrar su mano sin darse cuenta…

Esta riqueza y complejidad han sido magistralmente llevadas a la música de Manuel de Falla, quien desde su partitura dialoga con sus colegas contemporáneos, a la vez que con obras de otras épocas. Falla solicita al tenor que interpreta al personaje de Maese Pedro, algo muy parecido a lo expuesto antes, y lo expresa así:  “el artista evitará toda expresión excesivamente lírica, adoptando, por el contrario, la mayor riqueza o intensidad en la dicción musical, dentro del tono que exija cada situación dramática. Sin bufonería pero con muy marcada intención cómica, deberá traducirse el carácter irónico y picaresco del personaje.”

Todos estos entresijos, matices, intrahistorias, confusiones entre realidad y ficción una y otra vez, le otorgan infinita riqueza y complejidad a El retablo de maese Pedro, y lo convierten sin duda en una de las obras maestras de la música española.

 

 

 

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