Un Don Gayferos muy africano…

Hoy presentamos a nuestro valiente Don Gayferos, que cruza los Pirineos para rescatar a su esposa Melisendra. ¿Por qué tiene ese aspecto y qué representa?

Para los títeres del Romance de la libertad de Melisendra, o sea, la historia que cuentan Maese Pedro y Trujamán, Enrique Lanz estudió los títeres de la Edad Media y quiso contrastar su imagen y movimiento con los de los personajes espectadores (los de aspecto barroco).

Don Gayferos

Él buscaba una vitalidad para los movimientos de los títeres y necesitaba una técnica de construcción y manipulación que lo permitiese. No se trataba solo de que los títeres del retablo se aproximaran al máximo a los medievales en su estética, sino también en sus formas de representación. Al investigar cómo oficiaban los titiriteros de la Edad Media, qué técnicas de animación utilizaban, qué materiales, se confrontó a una precariedad documental sobre este tema. Son muy pocas las referencias que han llegado hasta nuestros días de los teatros de títeres medievales. Casi todos los libros consultados suelen reproducir las mismas imágenes, y estas son: el códice de Herrard von Landsberg, Hortus Deliciarium (1167-1196), la miniatura de Johan Le Grise, de 1344 y ….

Edad Media

Las referencias titiriteras de ese período son pobres en tanto no conocemos los materiales, texturas, colores, técnicas de construcción, peso, aspecto, movilidad, en fin, calidades y carácter de aquellos títeres… Por estos motivos Lanz reinventó lo que pudo ser la titeresca del medieovo, interpretando los datos y signos históricos, pero sobre todo imaginando lo que él deseaba que hubiera sido. Con estos referentes él creó su propio títere medieval, concibió figuraciones concretas para sus muñecos en un legítimo ejercicio de hermenéutica teatral.

Para complementar ese “títere medieval ensoñado” buscó en la raíces más antiguas de los títeres de la península ibérica que sí se conservan, que son los bonecos de Sainto Aleixo, en Portugal, que datan del siglo XVIII. Necesitado de referencias anteriores, como casi todos los antropólogos y estudiosos, puso su atención en el continente africano.

Los títeres del África negra, principalmente los de Malí, apenas han evolucionado con el paso de los siglos, y por tanto siguen siendo una fuente recurrente para imaginar nuestro propio pasado. Las máscaras, tótems, joyas, asientos y muñecos a pesar de proceder de etnias y culturas diferentes, tienen en común una síntesis de sus fórmulas expresivas, totalmente alejadas del naturalismo, y poseen una fuerza emocional fascinante. Estos elementos, tan influyentes en las vanguardias artísticas del siglo XX, también lo fueron para Lanz, titiritero del XXI.

Títere de Malí
Es reductor analizar las máscaras o títeres africanos sin las danzas que las acompañan, separarlas del tiempo, la música y el gesto. Por eso el movimiento fue uno de los elementos que más estudió Lanz, pues quería que sus muñecos fuesen ágiles y muy vivos. Las articulaciones de los títeres del Retablo, nada refinadas, sino toscas y esquemáticas, a la vez que funcionales, provienen de estos objetos africanos. La capacidad de acción, primordial para un títere, tiene aquí sus orígenes en los movimientos mecánicos, primarios y efectivos de las marionetas africanas.

El ejemplo más palpable de todo lo expuesto es el títere de Don Gayferos. Este títere fue hecho tallado y pintado por el propio Lanz, así como el de Melisendra. Como ya comentamos la figura del personaje femenino fue creada por Enrique a partir de la de su abuelo de 1923.

Gayferos en construcción

Y en estas filiaciones contienen además una gran fuerza simbólica y poética: Don Gayferos partió a rescatar a Melisendra, y Enrique lo emuló al crear estos dos títeres y rescatar con ellos la memoria de su abuelo Hermenegildo. El pasado y el presente entablaban un hermoso diálogo artístico…

Retablo

 

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